Los cristales enfermaron hace mucho tiempo rompiendo mis momentos; con movimientos espasmódicos sobre el refugio de dopamina y adrenalina renuncio hoy a la tentación de ir en busca de tu aliento; en mis sueños siempre toco con mis pies descalzos el césped aún frío por la lluvia, las figuras en el suelo estremecen mis vertebras, haciéndome de esta manera sentir un poco de vida, regreso a la realidad, me encuentro en mi habitación desencadenando simplezas, miro la mesita de noche rustica, un poco avejentada por el uso que le doy siempre prendo una velita para sentir un poco de calor en las mejillas, en las paredes colgué ninfas y duendes que me encantan por su estructura.
Varias veces al día me pierdo en las notas delicadas del bufón triste que me persigue insistentemente parado en la esquina de mi cólera desde que Fernando decidió desaparecer al igual que mi gusto por el chocolate y todas las cosas dulces que existen en este estanque de huesos, articulaciones y aromas de sangre, ahora pálida casi llegando al abismo ansío decorar el llanto, calmar con soplos de vida la muerte, acrecentar los agujeros en el piso para así caer en ellos y fracturar una gran parte de mis recuerdos; alrededor de mi nuca pongo con sutileza una bufanda que cubrirá del depredador frio mi cuello, salgo de mi alcoba esperando encontrar en las calles algo más que alucinaciones y remembranzas.
Los espectros del amor aún me persiguen, como opacando mi soledad, mis nubes, cada delirio, regreso a casa luego de un largo lapso de extravío en el tiempo es otra vez de noche y el bufón triste sigue de pie en el mismo lugar, me pregunto por qué no se aleja y realmente hace de mi existencia un circo yermo; en ocasiones por la ventana de mi habitación lo observo con sus manos anquilosadas, huesudas que hacen juego con su cuerpo enclenque, pálido, perece ser que lo único que lo mantiene de pie es esa mirada intimidadora espectral y misteriosa, sus ojos negros azabache maquillados con una delicada línea trazada a perfección de bajo de ellos, línea que surca hasta sus sienes; es espeluznante, aquel me conmueve.
Despierto todavía mareada por tanta añoranza, pienso en asesinar cada demonio que acompaña mis sueños, los miro acomodados en el techo de mi habitación tambaleándose ellos son lo único que guardo de Fernando, un abril me los entregó señalando que me los dedicaba son 7, cada uno tiene un rol dentro de mi mal trecha vida, aunque ahora solo conservo 6, pues uno escapó hace muy poco creo que con Fernando; precisamente es el que jamás tuvo utilidad ni fin, no era pequeño ni enorme hermoso ni horripilante; tan solo emanaba una sensación nefasta más grande que los demás, en fin no me importa a donde fue es más espero que pronto los restantes muden de piel y de lugar; mirarlos me lastima aunque eso nunca estuvo en sus funciones; el primero estrecha suavemente mi mano todos los días con un lirio teñido de azul un azul que da la sensación de frialdad me mira después solo un momento y de nuevo se acuna en el techo su nombre es Jonás; mi preocupación constante es el dije con la piedra en el centro que llevan todos; es carmesí y con el centro mas o tan negro como las noches cuando se oculta la luna; Genaro es el segundo con su violín emana un tristísimo ritmo de añoranza a algo o alguien; Amidaris es el tercero penetra mis sentidos con sus labios rojos envueltos en lagrimas rosadas que caen en mi cabeza cada vez que despierto; Riot es el cuarto con el cabello tan brillante y largo suspira arrullándome con ello es nocturno al igual que el quinto llamado Tumicuri, él es turbio, escabroso, su sonrisa me trasporta e impresiona, cuando cierro los ojos lo miro y lo logro recordar lo que me abruma tan claramente, después me calmo de una manera siniestra; el sexto otro de los nocturnos duerme en demasía excepto en las noches cuando desde su esquina se tambalea vibrando dándome así paz, silencio, él es Ynat; el séptimo, de él no encuentro archivo ni en mi memoria ni en lo profundo del asfalto que tapó mi abundante bosque.
Hoy resolví enterar entre la ceniza de mis lágrimas a Fernando, lo estrangulé hace dos horas, bueno a su recuerdo solamente, pero mi psiquis no deja de remontar el performance tallado laboriosamente con los besos que nunca volveré a sentir.
Son las 8 am es el momento preciso para mirar a Nora delicada, sensual; con su paso casi sublime, el martes pasado cuando me encontraba fumando de camino a casa, decidió llamarme, me acerque pos curiosidad; abrió la ventana de su cuarto entre susurros hizo que entrará a su habitación acarició mis labios con tanta pasión, yo respondí con la misma, que ahora está suspendida en algún instante, mis sesos se enredaron con su cabello lacio y abundante, degusté su aliento, pero en ese momento decidí cerrar los ojos para abrirlos al día siguiente sobre el lecho de Nora, lo primero que vi fue su techo y luego su cuerpo acomodado a mi lado.
CONTINUARÁ................................

1 comentario:
Me encanta y es muy bello pero tienes que acabar la historia...
UN saludo desde mi el averno de dante...
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